Perú vive un nuevo giro político. José Jerí Oré, hasta ahora presidente del Congreso, juró la madrugada de este viernes como nuevo mandatario del país, luego de que el Parlamento destituyera por unanimidad a la presidenta Dina Boluarte, en medio de un escenario marcado por la violencia y el descontento ciudadano.
El abogado limeño de 38 años asumió el cargo bajo la figura de sucesión constitucional y será el encargado de conducir el país hasta las elecciones programadas para abril de 2026. En su primer discurso, Jerí habló de “un gobierno de transición” y advirtió que “el mal que nos aqueja en este momento es la delincuencia. El principal enemigo está en las calles”.
De figura desconocida a presidente
Hasta hace pocas semanas, José Jerí era un nombre prácticamente desconocido para gran parte del electorado peruano. Legislador del partido conservador Somos Perú desde 2021, llegó al Congreso con poco más de 11.000 votos, en reemplazo del expresidente Martín Vizcarra, quien fue inhabilitado para ejercer cargos públicos.
“Jerí se encuentra en el poder casi por casualidad en una democracia que se parece cada vez más a una lotería”, sostuvo Rodrigo Barrenechea, académico de la Universidad del Pacífico. Su ascenso político ha sido vertiginoso y no exento de polémicas, lo que genera dudas sobre la estabilidad de su mandato.
Controversias y denuncias
El nuevo presidente ha enfrentado diversas acusaciones durante su corta carrera política. En enero de 2025, la Fiscalía Suprema de Familia inició diligencias en su contra por presunta violación sexual, aunque el caso fue archivado en agosto del mismo año. Aun así, el proceso dejó secuelas, ya que el juzgado dispuso medidas de protección que Jerí incumplió, sumando una denuncia de desobediencia a la autoridad.
En el ámbito político, ha sido vinculado a casos de presunto enriquecimiento ilícito y corrupción durante su gestión como presidente de la Comisión de Presupuesto del Congreso, donde habría favorecido la inclusión de proyectos públicos a cambio de pagos. El propio Jerí negó tajantemente las acusaciones y aseguró que “se someterá a todas las investigaciones que correspondan”.
Un Congreso desprestigiado y una sociedad cansada
Con la salida de Boluarte, Jerí se convierte en el séptimo presidente de Perú en apenas ocho años, reflejo de una profunda inestabilidad institucional. “Jerí representa la continuidad de las relaciones de poder en el parlamento, compuesto por partidos impopulares que temen ser barridos en la próxima elección de 2026”, explicó Barrenechea.
La destitución de Dina Boluarte se precipitó tras semanas de tensión social y un atentado durante un concierto de la banda Agua Marina, que acentuó la percepción de inseguridad en el país. Su gobierno, marcado por una de las tasas de aprobación más bajas en la historia reciente, terminó colapsando ante un Congreso fragmentado y un creciente rechazo popular.
El economista y exministro de Finanzas Alonso Segura Vasi calificó la decisión del Parlamento como “tremendamente preocupante”, señalando que “hay un serio problema cuando el Congreso puede en unas pocas horas tumbarse un Gobierno sin una argumentación constitucional”.

Un gobierno con desafíos inmediatos
Jerí hereda un país dividido, con altos niveles de criminalidad y un Congreso altamente impopular. Sus primeras acciones estarán bajo la lupa tanto nacional como internacional, mientras crece la exigencia de elecciones transparentes y la urgencia por restaurar la estabilidad institucional.
“Lo importante ahora es que este nuevo gobierno se limite básicamente a garantizar unas elecciones limpias y mejorar los temas de seguridad interna y lucha contra la delincuencia”, apuntó Segura Vasi.
Con la presidencia del Congreso ahora en manos de Fernando Rospigliosi, del partido Fuerza Popular, el nuevo mandatario enfrenta el desafío de recuperar la confianza en la política peruana y evitar que su gobierno se convierta en otro capítulo más de la incesante crisis que golpea al país desde hace casi una década.
