En una jugada diplomática inesperada, Donald Trump logró lo que su antecesor no consiguió: presionar a Benjamin Netanyahu para alcanzar un alto al fuego en Gaza. Tras el ataque israelí al equipo negociador de Hamás en Qatar, el presidente estadounidense intervino directamente, impulsando un acuerdo que contempla la liberación de rehenes, el desarme de Hamás y la entrada de la Autoridad Nacional Palestina en Gaza, marcando así el primer gran triunfo internacional de su segundo mandato.
Cuando Israel atacó al equipo negociador de Hamás en Qatar el 9 de septiembre, el mundo lo vio como una nueva escalada de violencia que alejaba aún más la posibilidad de paz. El bombardeo, que violó la soberanía de un aliado estadounidense, amenazaba con extender el conflicto a una guerra regional
Pero lo que parecía un paso hacia el abismo terminó convirtiéndose en un punto de inflexión. Aquel ataque provocó un giro diplomático que desembocó en el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump: un acuerdo de alto al fuego y la liberación de los rehenes israelíes restantes.
Un logro que se le escapó a Biden
El pacto representa el primer paso hacia una paz más amplia en Medio Oriente. Los detalles sobre el desarme de Hamás, el futuro político de Gaza y la retirada completa de Israel aún están por definirse, pero el avance ya se considera el mayor éxito diplomático de Trump en su segundo mandato, uno que el expresidente Joe Biden no logró concretar.
Durante la gestión de Biden, la relación con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu fue tensa. Su estrategia de “abrazo de oso” —apoyar públicamente a Israel mientras intentaba moderar su accionar en privado— no dio los resultados esperados. Trump, en cambio, aprovechó su popularidad en Israel y su fuerte respaldo republicano para ejercer una presión sin precedentes.
La alianza entre Trump y Netanyahu
En público, ambos líderes han mantenido una relación cercana. Trump suele decir que “Israel no tiene un amigo mejor”, mientras Netanyahu lo ha llamado el “mayor aliado de Israel en la Casa Blanca”.
Y sus gestos lo confirman: durante su primer mandato, Trump trasladó la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén y respaldó los asentamientos israelíes en Cisjordania, rompiendo con la política tradicional de Washington.
Ese historial le dio margen de maniobra para presionar a Netanyahu entre bambalinas. Según informes, el negociador de Trump, Steve Witkoff, insistió a fines de 2024 en que Israel aceptara un alto al fuego temporal a cambio de liberar rehenes.
Trump mostró una disposición inédita a imponer su postura. “No hay ningún ejemplo de un presidente estadounidense que le diga literalmente a un primer ministro israelí que tendrá que obedecer o de lo contrario…”, afirmó Aaron David Miller, analista del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.
El punto de quiebre: el ataque en Doha
El bombardeo israelí en Doha, que mató a un ciudadano qatarí pero no a funcionarios de Hamás, fue la gota que colmó el vaso. Trump, indignado, lanzó un ultimátum a Netanyahu: la guerra debía cesar.
El presidente estadounidense había tolerado la ofensiva israelí en Gaza y prestado apoyo militar en ataques a Irán, pero un ataque en suelo qatarí —país con el que mantiene lazos comerciales y políticos— fue inaceptable. Desde entonces, intensificó su presión diplomática y logró lo impensado: Netanyahu se disculpó personalmente con Qatar y firmó el plan de paz de 20 puntos diseñado por Trump.

Un plan respaldado por el mundo árabe
El llamado Plan Trump contempla la liberación de todos los rehenes israelíes, vivos y muertos, a cambio de la excarcelación de más de mil prisioneros palestinos y una retirada parcial de las tropas israelíes de Gaza.
Hamás, por su parte, se compromete a entregar las armas y permitir la entrada de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para administrar el territorio.
El acuerdo también se apoya en el plan franco-saudita promovido por Emmanuel Macron, que obtuvo respaldo de los países árabes del Golfo. En ese marco, Trump eligió alinearse con sus aliados de la península Arábiga, presionando a Netanyahu para poner fin a la guerra.
La presión europea y el aislamiento israelí
Las potencias europeas también jugaron un rol decisivo. Francia y Reino Unido expresaron su intención de reconocer al Estado palestino, marcando una histórica ruptura con la posición estadounidense.
Emmanuel Macron, además, convenció a Arabia Saudita de apoyar un plan de paz regional, lo que reforzó la presión internacional sobre Israel.
Aislado diplomáticamente y con la guerra devastando Gaza —donde se estiman más de 67.000 muertos palestinos—, Netanyahu no tuvo otra opción que aceptar el alto al fuego.
El estilo Trump: caos con resultados
El método de Trump sigue siendo tan polémico como impredecible. Suele comenzar con amenazas o declaraciones grandilocuentes y termina en acuerdos concretos. Lo hizo con Corea del Norte, y ahora lo repite en Medio Oriente.
“Uno de los factores que claramente incidieron fue que el presidente Trump desarrolló influencia sobre los israelíes, e indirectamente sobre Hamás”,sostuvo Jon Alterman, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Eso marcó la diferencia”.
Trump utilizó su estilo directo, su popularidad en Israel y su relación con los países árabes para destrabar un conflicto que parecía eterno. Y aunque el futuro del acuerdo aún es incierto, el cese al fuego marca un momento histórico: por primera vez en años, el fin de la guerra en Gaza es algo imaginable.
