EL DAÑO QUE PROVOCAN LOS RESIDUOS ELECTRÓNICOS AL MEDIOAMBIENTE 

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Según señala el experto Alejandro Hernández Toro, una gran forma de combatir la contaminación electrónica es a través del reciclaje, a gran y pequeña escala.

La tecnología avanza a un ritmo vertiginoso y nos ofrece cada vez más dispositivos que facilitan nuestra vida cotidiana.

Sin embargo, ¿qué hacemos con los aparatos que ya no usamos o que se han quedado obsoletos? ¿Somos conscientes del impacto que tiene la basura electrónica en el medio ambiente y en nuestra salud?

La basura electrónica es el conjunto de residuos que provienen de los equipos eléctricos y electrónicos que se desechan.

Estos incluyen desde computadores, teléfonos móviles, televisores, electrodomésticos, hasta pilas, baterías, bombillas y tubos fluorescentes. Según el Programa para el Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA), cada año se generan alrededor de 50 millones de toneladas de este tipo de residuos en el mundo.

“El reciclaje de la basura electrónica es una actividad fundamental para el desarrollo sostenible, ya que permite evitar la contaminación, el agotamiento de los recursos naturales y el cambio climático”, comenta Alejandro Hernández Toro, experto en reciclaje chileno.

Los efectos de la contaminación electrónica

El problema es que la mayoría de estos residuos no se gestionan adecuadamente y terminan en vertederos, incineradoras o en países en vías de desarrollo, donde se manipulan de forma informal y sin las medidas de seguridad necesarias.

Esto supone un grave riesgo para el medio ambiente y para la salud de las personas, ya que los residuos electrónicos contienen sustancias tóxicas como mercurio, plomo, cadmio, cromo, arsénico o antimonio, que pueden contaminar el aire, el agua y el suelo, y causar daños en el sistema nervioso, el cerebro, el sistema circulatorio, los riñones, los huesos, la reproducción y el desarrollo.

Por ejemplo, un solo tubo fluorescente puede contaminar 16.000 litros de agua, una batería de móvil 50.000 litros de agua y un televisor 80.000 litros de agua. Además, la exposición a estas sustancias puede provocar cáncer, malformaciones congénitas, problemas respiratorios, alergias, irritaciones y otras enfermedades.

“Todavía queda mucho por hacer para mejorar la gestión de estos residuos, tanto a nivel nacional como internacional. Es necesario que se establezcan normas y mecanismos que garanticen que los residuos electrónicos se recojan, separen, transporten y traten de forma adecuada. Afortunadamente, en Chile ya tenemos la Ley REP”, señala Hernández Toro.

Por otro lado, la basura electrónica también representa una pérdida de recursos valiosos que podrían ser reutilizados o reciclados. Los residuos electrónicos contienen metales preciosos como oro, plata, cobre, platino y paladio, así como hierro, aluminio y plásticos, que podrían recuperarse y aprovecharse para fabricar nuevos productos.

Se estima que el valor de los materiales que se podrían obtener de la basura electrónica asciende a casi 59 mil millones de dólares al año.

Por eso, es importante que tomemos conciencia de la importancia de reducir, reutilizar y reciclar los residuos electrónicos, y que los depositemos en los puntos limpios o en los contenedores específicos que existen para ello. De esta forma, contribuiremos a proteger el medio ambiente, a ahorrar energía y materias primas, y a generar empleo verde.

“Es imprescindible que se promueva la educación ambiental y la sensibilización de la ciudadanía sobre la importancia de reducir el consumo de aparatos electrónicos, de alargar su vida útil y de reciclarlos correctamente cuando ya no se puedan usar. Solo así podremos hacer frente al desafío que supone la basura electrónica y aprovechar sus oportunidades”, concluye Alejandro Hernández.

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