En una pequeña casa de Villa Alemana, un grupo de niñas, niños y jóvenes comienza su jornada escolar con abrazos, sin timbres ni filas. Aquí no hay campanas que dividan el tiempo ni adultos que ordenen desde la imposición. Hay presencia, escucha y libertad. En esta escuelita libre y feliz, aprender es también sanar.
Esta escena se repite en más de 100 espacios educativos en Chile y el mundo, donde se vive el Método Lefebre Lever, una propuesta pedagógica nacida en el corazón de una familia chilena y que hoy inspira una revolución silenciosa pero poderosa: una que pone la felicidad en el centro del aprendizaje.
Paloma Sol Lefebre Lever, terapeuta ocupacional y referente en apego en contextos educativos, acaba de lanzar su primer libro: Mi escuelita Libre y Feliz. Una bitácora íntima y valiente que recoge más de una década de trabajo educativo sustentado en las neurociencias, apego, terapias complementarias y una profunda ética del cuidado infanto juvenil.
“Educar desde la felicidad no es un lujo, es un acto profundamente político y necesario”, afirma Paloma Sol.
Un método que nace del amor y la resiliencia
El origen del método se remonta a la experiencia y visión de María Verónica Lefebre Lever, madre de Paloma y fundadora del enfoque. Doctora en Educación, que creó este camino pedagógico desde el aula y la vida, convencida de que la escuela debía ser un espacio de libertad y dignidad.
La metodología se sostiene en seis pilares: respeto a la biología, co-crianza, neurociencias, terapias complementarias, investigación y una filosofía transversal y permanente. Más que una fórmula, es una manera de habitar la educación: con ternura, alegría y humanidad.
El libro también guarda una dimensión profunda: narra el proceso de sanación espiritual vivido junto a su madre, diagnosticada con cáncer, donde reafirmaron un principio esencial: sanar para educar y educar sanando.
Escuelas donde florece la alegría
En las escuelitas libres y felices no hay niños “problema”, sino historias por comprender. Un niño con mucha energía que fue expulsado de varios colegios, en este espacio pudo encontrar la posibilidad de liderar. La madre de este, emocionada, le dijo a Paloma: “Gracias por devolverme a mi hijo”.
El impacto del método se extiende también a sectores vulnerables, rurales y urbanos. No requiere grandes infraestructuras, pero sí grandes transformaciones del mundo adulto. “No se trata de imponer, sino de acompañar”, insiste Paloma.
“Un niño con miedo no puede aprender. Pero uno que se siente respetado y feliz, florece. La felicidad no es un accesorio: es el suelo donde todo puede crecer.”
Una red viva y un llamado a actuar
El libro no es un manual técnico, sino un relato vivo que abraza. Un mapa emocional lleno de historias, herramientas y esperanza. Es, sobre todo, una invitación a evolucionar la manera en que nos relacionamos con las niñeces y juventudes.
Hoy, más de 1.000 personas se han formado en el método Lefebre Lever: educadores, madres, padres, terapeutas y líderes sociales. Y muchas más están por comenzar. La Red Lefebre Lever ya tiene 23 versiones de su Diplomado Libre y Feliz, y sigue creciendo.
“Cambiar es posible. Nadie ha llegado tarde. Cada persona adulta puede transformarse y comenzar de nuevo. Lo importante es dar ese primer paso.”
